Presbit. GREGORIO ROGLICH (1963-1980)
Es el turno en esta oportunidad de escribir algunos apuntes sobre una personalidad que tuvo Carhué en las décadas del 60 y 70. Quiérase o no, los curas en los pueblos han sido casi siempre referentes, y sobre todo antaño, cuando en verdad tenían voz y opinión ante los aconteceres de la comunidad. Y Gregorio Roglich no fue la excepción. Como toda personalidad destacada tuvo adherentes y detractores, amigos fieles y enemigos acérrimos.
Había nacido un 12 de marzo de 1914 en Zupa, Croacia, culminando sus estudios sacerdotales el 26 de julio de 1938. Su vida pastoral lo llevó a Dobra, Poljana, Jereza, Primosten y Zagreb (Capital), en Croacia; Grossklein y Graz, en Austria; Trento, Brixen, Roma y Nápoles, en Italia; Toulouse, en Francia; Cáceres y Málaga en España, hasta 1953; desde esa fecha y hasta 1992 en Coronel Suárez, Guaminí, Carhué y Mar del Plata, en Argentina. Luego regresó a Alemania en donde continuó trabajando hasta que falleció a los 84 años en 1998.
ALLÁ EN CROACIA
Luego de la 1er Guerra Mundial y la caída del Imperio Austrohúngaro, Croacia fue integrada contra su voluntad al Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos (el cual en 1945 se convirtió en Yugoslavia). Yugoslavia fue invadida durante la 2da Guerra Mundial y Croacia fue convertida en el Estado Independiente de Croacia. Tras la derrota de las fuerzas del Eje (Alemania-Japon-Italia), Croacia se reintegró nuevamente en Yugoslavia, y fue convertido en un estado socialista federal bajo la dirección de Josip Broz Tito. Cuando Croacia declara su independencia de Yugoslavia en 1991, los habitantes serbios se niegan a secundar la secesión de la República Federal Yugoslava y, apoyadas por el ejército federal yugoslavo, se independizan de Croacia como la República Serbia de Krajina en el territorio de esa región. Tras cuatro años de luchas esporádicas, el gobierno croata logra desalojar a gran parte de las fuerzas serbias en Krajina (1995). La recuperación por el gobierno croata de la Eslavonia Oriental se lleva a cabo pacíficamente y de manera negociada con Belgrado en 1998 bajo la supervisión de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). En este marco la vida de un croata no fue sencilla, más de 70 años de peleas, guerras civiles y matanzas templaron aún más aquel duro habitante eslavo.1
La niñez del padre Gregor Roglic, tal su nombre Croata, fue dura como la de muchos. Y para colmo debió sufrir luego ya de joven la crueldad de la 2GM. Debió sufrir, por ejemplo, la muerte de uno de sus hermanos que fue asesinado de una manera terrible: los asesinos reunieron a toda la familia y pusieron a su madre enfrente para utilizar su hombro como apoyo en el fusilamiento. Así iba siendo moldeado el joven Gregor. En otra oportunidad junto a 7 personas más fueron dispuestas frente un paredón para fusilarlos… él los hizo tomar de la mano y rezaron el Padre Nuestro como nunca, con un fervor como el que se da en esas situaciones extremas, y se salvaron, por obra de Dios.
Estando prisionero como tantos, al ser trasladado un campo de trabajo logro escapar, cuando en una enorme file india que serpenteaba entre las casas de un pequeño pueblo, se percató de una ventana abierta, al ver que los guardias estaban distraídos, se arrojo por la misma. Cuando se recuperó y levantó la cabeza, una mujer estaba apuntándole con un arma. Rendido le dijo que se entregaba a sus manos y que hiciese de él lo que ella quisiera, pero que era sacerdote. Voluntad divina quizá, a riesgo de su vida, la mujer lo escondió por un tiempo y se salvó nuevamente.
De joven ya mostraba su compromiso con los desposeídos. Al ver las injusticias y los crímenes de guerra, documentó todo en fotografías que escondió para luego venderlas y así poder costear su escape hacia Italia. Luego pasó a Francia y mas tarde a España. En 1953 llega a Argentina radicándose por 4 años en Crnl. Suárez.
SU PASO POR GUAMINÍ
A Guaminí hace su arribo en enero de 1957 en reemplazo del Padre Toledo.
El joven padre debió remover un poco el polvo de una feligresía acostumbrada a un padre que había estado 40 años frente a la parroquia. Como luego hará en Carhué, conformó las ligas de padres, de madres y reunió a los niños disponiendo, recuerdan los vecinos, de recursos como metegoles y juego de sapo.
Recuerda Eduardo Hiriart, encargado del museo de Guaminí que “Las chicas estaban siempre en la mira del buen cura. (…)Pensemos en la liberación que se inició en los 50’, los pantalones en general y los jeans en particular, los escotes, el largo de las polleras, las salidas. Parece que se hicieron famosos los sermones que daba al respecto en las misas, durante los cuales algunas chicas se iban corriendo.”
En guaminí “… impuso el uso del guardapolvo en las comuniones, como forma de igualar a los chicos y alejar el sacramento de la pompa que lo escondía. También encaró la restauración del templo, que estaba algo venido abajo, por medio de los Caballeros Católicos.” El mismo esquema lo repitió en Carhué desde 1963 a 1980.Fue también partícipe en 1954 en la fundación del colegio secundario, hoy Escuela Media 205. Sus materias eran Francés e Historia.2
Como manera de expandir el apostolado mostró sus dotes periodísticas y su cultura general imprimiendo un Semanario, denominado ‘El Progreso’ que salió desde febrero a septiembre de 1959 que debe encasillárselo como social y religioso, básicamente, dejando de salir por motivos económicos.
LLEGA A CARHUE
Arriba a Carhué reemplazado al Padre Amadeo Álvarez en marzo de 1963. Años después, en 1977, recordaba como era el panorama religioso de Carhué. “La influencia de una fuerte dosis de laicismo del siglo pasado, una catequesis inadecuada que se impartía pero que afectaba a la iglesia en general, un clima con temperaturas muy agudas tanto en invierno como en verano que repercute en el modo de ser de la gente, numerosos marginados sociales, que se cerraban a toda tentativa de formación y la soledad en que me desempeñaba en mis funciones. Todo se ha ido superando.”3 decía fiel a su costumbre. Para lograr subsanar eso había tenido que crear o fortalecer los movimientos como Jóvenes Católicos (J.A.C.), Madres, Apostolado de la Oración, Movimiento Catequístico y Cáritas.
SU ACCIONAR
Ni bien arribó inicio una ‘cruzada’ para volver a dar vida o estimulo a las ligas o agrupaciones de la parroquia, creando la de Madres, Jóvenes, etc. para ello también, como en Guaminí, usa el único medio de comunicación y comienza a publicar una sección fija en el Semanario ‘El Pueblo’ de Mario V. Fernández que se titulaba ‘Vida Parroquial’, en donde volcaba muchas de sus ideas y retaba, bien retados, a quien tuviera que hacerlo. En esas columnas que si bien son netamente religiosas saltan opiniones que son imperdibles, como por ejemplo: “La característica de los barrios apartados en generalmente: apatía, desconfianza y duda” hablando de Villa Azul. En referencia a las procesiones: “Toda persona cristiana o no, por el simple respeto al Ministerio de la Eucaristía, no puede estar en las veredas fumando etc, sin faltar a las reglas de educación. Los cristianos saben que su lugar no es este mirando en la vereda, sino participar…”. “No olviden los cristianos que el cementerio es un lugar sagrado: no se puede fumar y las mujeres deben ir decentemente vestidas” pregonaba. Otra: “Advertencia para la conciencia. El verdadero creyente no puede seguir la vida frívola y de diversiones durante la Cuaresma y al mismo tiempo ir a misa como lo haría un autómata. Ser o no ser…Lo mismo ocurre con la abstinencia de carne los viernes.” Algunos recuerdan enormes retos en plena misa como por ejemplo decir que había una persona que le “debería dar vergüenza de estar en la misa”, ante un silencio funerario. Esa persona de largas botas e impecable bombacha, acto seguido se levantó y marchó al ruido de los tacos. Muchos se habían hecho cargo de ese reto aunque uno solo, de fuerte personalidad, se había levantado y marchado. Así era Roglich.
Los Jueves Santos invitaba a 12 pobres ancianos y les daba de comer en una especie de ‘Ultima Cena’. Su actividad religiosa lo llevó también a salir casa por casa a visitar enfermos y ancianos, tal lo documentan testigos y fuentes escritas aunque su perfil era social
En 1964 tuvo destacada participación en el Monumento a la Madre, que nació del seno de la liga de Madres, de la que era asesor. Fue uno de los promotores de la creación del Colegio Normal siendo el encargado de efectuar las campañas de donaciones como la recordada ‘Campaña de la Bolsa de Trigo’ que ‘cosechó’ muchísimo dinero y que debió dar más de una explicación sobre su gasto, antes las siempre versiones mal intencionadas pueblerinas.4 Fue también docente del establecimiento. La Capilla Santa Teresita fue también parte del accionar del padre, logrando a partir de 1965 comenzar los revoques externos que le cambiaría la fisonomía tradicional del edificio.
Pero su carácter frontal lo hacia chocar con los capellanes del colegio San José: En una solicitada del Presbítero Alberto Pinto de origen Brasileño, éste decía: “Una vez más, por la tercera vez, el Capellán del Colegio ha chocado con el Cura. A él le deseo también ‘una larga y feliz estada’. Que siga siendo el Cura Párroco decente e intachable como lo ha sido durante todo este tiempo en que ha venido ocupando su puesto. Que el Señor le de una merecida recompensa… Ya le llegará la hora…. Que ruegue a Dios para cuando se vaya, pueda irse con la misma dignidad y de frente levantada como el último Capellán del Colegio, a pesar de lo que ha dicho en contra de su persona (…)” 5 Incluso arribó a Carhué Monseñor Esorto en dos oportunidades ante este inconveniente y ante el decidido apoyo del grupo de jóvenes, finalmente dio su apoyo a Roglich, contrarrestando la movida de Pinto, que pretendía pedir el traslado del padre croata. Cuentan que Pinto, como buen brasileño acudía a la pileta del Racing Club con un traje de baño a la moda y como era ‘muy bien parecido’ era muy admirado por las damas… y esto no cayó bien al riguroso del culto religioso padre Roglich. Pensemos que se estaba en 1964 y hasta en los semanarios se nota esa moral de calificar desde las películas hasta de tildar de indecentes a las señoritas que caminaban por las calles de Epecuén en las flamantes bikinis. ¿Que se podía esperar de un Padre y específicamente de Roglich?.
ROGLICH Y VILLA AZUL
Pero en donde más trabajó fue con las barriadas pobres. Ni bien llegó a Carhué observó que la el caserío del otro lado de la vía, carecía de mínimos recursos para una vida digna. Y empezó la tarea con las ligas, especialmente de Madres en pos de un objetivo. Y éste fue crear una escuela, como trampolín a una mejor calidad de vida y posible futuro. Ya en los años 50 habían pasado gente del Ministerio de Educación y ante el reclamo habían prometido una escuela, sin embargo hasta 1965 no se tenían ni noticias.
En su columna ‘Vida Parroquial’ decía sobre Villa Azul: “… barrio populoso del otro lado de la vía, abandonado a su suerte, sin luz, sin desagües, con calles bajas que se inundan, con viviendas precarias, con población sufrida de jornaleros y peones que realmente ganan el pan con el sudor de su frente para si y sus familias numerosas y sin recursos propios para cambiar su suerte de una vida estancada como las aguas de sus charcos.” 6 ¡Esto fue escrito 40 años atrás!
Los vecinos agrupados del barrio y las ligas católicas comenzaron en 1965 a recavar fondos para erigir una escuela, trabajando denodadamente en sus horas libres, moldeando los adobes, luego quemándolos, ferias del plato, rifas y kermeses. Las tareas demandaron varios años y prácticamente todo el pueblo colaboró. Fue también el promotor de las canillas populares en el barrio.
Finalmente la Escuela ‘Ntra Sra de los Desamparados’ fue inaugurada el 26 de agosto de 1969 dependiente del Arzobispado y subvencionada por el Estado. Estando en Mar del Plata regresó a Carhué una sola vez y fue recibido por todo el barrio con enorme algarabía. Años después, una de las calles del barrio fe bautizada con el nombre de Rdo Gregorio Roglich, así como el parque de juegos, hoy abandonado, inaugurado allá en 1998 justo en el año de su fallecimiento. Hoy tan solo una foto en la Escuela recuerda sus desvelos por ésta y la gente de Villa Azul.
ACERCANDONOS A SU PERSONALIDAD
Rubén Perez y Mónica Lambretch puede decirse deben mucho al Padre Roglich. Gracias a él Rubén logró tener su casa acorde a las necesidades básicas y conoció a la que sería su esposa. Fue de ambos su consejero, su guía, pese a que en muchos momentos tuvieron duras reyertas, pero dicen, lo amaron incondicionalmente. Y lo conocieron mucho y aprendieron a comprenderlo: “Su carisma era social. Tenía un desprendimiento total de lo material: un día de invierno un hombre sumamente pobre le fue a pedir ropa, se sacó el pulóver tipo polera y se lo dio, ahí mismo en la puerta de la Iglesia. Lo que realizó por Carhué fue extraordinario. Carhué le debe muchísimo. El padre Roglich era una persona integra, pero muy frontal, si tenía que decirte algo te lo decía. Eso le ganó muchos detractores. No se andaba a medias tintas. Era muy directo. Pero se preocupaba mucho por los pobres… el discernía mucho entre pobres y miserables…Decía la pobreza se puede superar, pero ser miserable, no querer salir trabajando, aprovecharse de la condición de pobre, eso no lo toleraba. Otra cualidad que tenia, ante la pesadez natural de la juventud, para incentivar a los jóvenes los fustigaba, los restaba, hostigaba, era su forma.”
“Para mi, -dice Mónica- que traté mucha gente inteligente y capaz, era un genio, sabía de todo y tenía una cultura general increíble, para todo tenía una sabia reflexión. Iba todos los días a la Escuela de la Villa, pero todos los días. Nosotros teníamos muchas discusiones con el padre, pero el era así, terriblemente frontal. Hablaba ingles, alemán, francés y castellano. Él no quería gente obsecuente, le gustaba la gente que le hiciera frente y le diera su opinión.
“Era tan frontal que un día, me mandó a averiguar una costo de una obra para una casita de Villa Azul, y el propietario me dijo –acota Rubén- supongamos 1200 pesos. Fui y le dije. Pero el había ido a un corralón y le habían dicho 800. Cuando volví me preguntó que ‘que negocio tenía yo en esto’. Me enojé y le dije que porqué con las personas que lo ayudaban los trataba así de mal y me fui. Luego se dio cuenta y se arrepintió. Te decía lo que pesaba al momento.
Mónica que fue directora de la Escuela de Villa Azul agrega: “Una vez le mandamos un video de un acto escolar de la Escuela, que era como un hijo para él. Y se emocionó muchísimo porque pudo ver y mostrar el adelanto de la escuelita creada por él. De esa escuela han salido profesionales hoy, docentes. Todo gracias al padre. ”7
En su despedida en 1980 la feligresía local efectuó un almuerzo en el salón del Club San Martín a la que asistieron más de 600 personas.
SUS ULTIMOS DIAS
Susana ‘chichi’ Marino mantuvo contacto epistolar hasta casi los últimos días del padre Roglich. De esas cartas surgen conmovedores relatos de sus últimas obras en la tierra. En unas cortas pero conmovedoras líneas, ‘chichi’ quien guarda estas cartas como un tesoro, nos comenta: (refiriéndose a Mar del Plata)… “Se desempeñó en su apostolado en la Catedral, junto al Obispo. Allí fundo las llamadas ‘Aldeas Infantiles’, que consistían en grupos de 5 a 6 albergues para niños desamparados, cada uno tenía la capacidad para ocho niños, cuidados por Sras Srtas., que hacían las veces de mamá para atenderlos, llevarlos al colegio, educación primaria y secundaria y los formaban en trabajos para que el día de mañana pudieran defenderse en la vida. Estas mamás con vocación de tal tenían sueldos mensuales, franco los domingos, vacaciones de un mes y todos los derechos.
En 1992, se fue a Alemania y se radicó en una ciudad llamada Unterhaching. Allí creo se desempeñó como Capellán de un colegio de monjas que tenían una casita para vivir y ellas lo atendían.
En sus cartas cuenta las tragedias de la guerra en Croacia, su Patria. Se ocupó mucho de un hogar de niños, que con la guerra perdieron a su familia. Con gran riesgo lo visitaba, llevando dinero y medicamentos. Comenta que lo que vio allí no se puede describir. Los serbios cortaban la cabeza de los niños y jugaban como si fueran pelotas. En un lugar 300 niños de 2 a 15 años, uno de los más pequeños, se olvidó de hablar y caminar, después que una granada explotó en su casa. Una chica pisó una bomba huyendo por los bosques con dos hermanas y la madre y solo ella quedó viva, las otras despedazadas. La chica tiene en sus dos piernas 16 operaciones y aún las esperan unas cuantas.
El padre Gregorio viajaba mucho a su país, con gran carga de cosas necesarias a los hogares destruidos por la guerra, muchos camiones con ventanas y vidrios para construir las casas de los fugitivos, ahora liberados por el ejército. Los fugitivos que podrían volver, muchos no encontraban nada, sus casas habían sido destruidas, de tal manera que no quedaban ni paredes ni cimientos. En la Diócesis que el pertenecía, de 120 Parroquias, 90 fueron destruidas, todas quemadas.
La gente que volvió, lo primero que quería hacer era levantar sus Iglesias, los sacerdotes eran los primeros, pero prefieren antes ayudar a construir las viviendas de las personas que las perdieron.
El padre Gregorio a pesar de su salud con muchos problemas, viajaba a Croacia, siempre con cargas de Cáritas y de instituciones de Alemania que le proporcionaban. También se ocupó mucho de los prófugos, consiguiéndoles trabajo y lugares para vivir. En Alemania siguió con su dinámico Apostolado como lo caracterizaba, lo llamaban para predicar en la Catedral de Munich, formaba grupos de jóvenes para las misiones, que algunos de ellos fueron a misionar a países que no conocían a Dios. Siempre dedicado intensamente a sus obras de bien al prójimo.
Falleció el 8 de octubre de 1998 a los 84 años en Alemania y fue sepultado en el Cementerio de su pueblo natal en Croacia junto a sus familiares.” 8
Gastón Partarrieu.
Publicado en Revista Museos del Desierto Nº 7.