En colaboración con CARLOS ERNESTO BLENGIO
FAMILIAS ZWENGER Y MOLINA. PARAJE CILLEY
ACLARACIÓN: Esta biografía no busca ser una investigación genealógica completa ni detallada. Más bien, intenta ofrecer un pantallazo general sobre el origen de los vecinos que formaron parte de la vida cotidiana del barrio durante el siglo XX: de dónde venían, qué familiares tenían (aclaro nuevamente que no es un relevamiento exhaustivo), qué hicieron y dónde vivieron. También tiene la intención de servir como punto de partida para quienes deseen seguir profundizando, ya sea por interés en la genealogía o por ser descendientes de alguna de estas familias.
Familia Molina
Para contar la historia de una familia muy conocida en el paraje entre los años ’30 y ’60, los Zwenger, vamos a comenzar haciendo una introducción que nos sitúe en las 100 hectáreas de campo donde vivieron. Para ello, es necesario primero hablar de la familia Molina, cuyos integrantes también fueron parte, desde principios del siglo XX, de la vida de nuestro Paraje Cilley.
Bartolo Molina, nacido en 1861 en Castellazzo Dormida, provincia de Alessandría (Italia), llegó a la Argentina en 1885 y se radicó en Carhué. Primeramente, se empleó en un comercio local hasta que pudo hacerse propietario del mismo tres años más tarde. Se sabe con seguridad que ya para 1893 era propietario de ese comercio donde habilitó una confitería y bar que se encontraba frente a la plaza. Sin embargo, a finales de esa década, abandona el rubro comercial vendiendo dicho negocio, para abocarse en actividades rurales al hacerse propietario de algunos cuadros de campo en la sección chacras del Cuartel II, específicamente en el Paraje Cilley. Sin poder precisar con exactitud cuántas hectáreas compró, hay seguridad de que tenía en sus manos al menos 300 hectáreas. Un lote de 100 hectáreas por un lado y luego 4 lotes de 50 hectáreas por el otro, separados ambos conjuntos por unos dos mil metros, pero ambos sobre el mismo camino que lleva a la Escuela Nº2. Entre esos dos conjuntos de cuadros se encontraban los de Luis Corradini, antes de Nicolás Graciosi donde se encuentra la escuela, luego el cuadro de la familia Durán, e inmediatamente los cuatro cuadros de 50 hectáreas de Molina (separados por caminos vecinales pero que eran en total 200 hectáreas más), calle real de por medio -ver mapa-.
De estas últimas 200 hectáreas ubicadas sobre la calle real nos abocaremos en otro artículo futuro, cuando tratemos sobre la familia de Jesús Amigo.
Las otras 100 hectáreas que nos abocan en este artículo es donde Bartolo construyó su casa familiar. La misma destacaba de las demás casas de la zona que solían ser dos o tres dependencias organizadas en “chorizo”, con puertas independientes, a veces con alero y muchas de ellas de adobes y techo de chapa. Algunos cuantos más se daban el lujo de hacerlas de ladrillo, y luego se encontraba la tradicional letrina o excusado que podía ser del mismo material, como también de chapa o adobes. No mucho más, además de algún que otro galpón. Pero la casa de Molina se salía de esos estándares. Una estructura de paredes gruesas de ladrillo, revocada de barro y bien pintada, techo de chapa por fuera y por dentro de madera a listones. Conformada por cinco ambientes que comprendían la habitación matrimonial seguida por un amplio comedor con piso mosaico, luego la pieza de los hijos con piso de ladrillos, la cocina sobre el costado izquierdo de la primera pieza, la cual tenía entrada independiente y piso de ladrillo, y un alero que evitaba estar completamente a la intemperie cuando se pasaba del comedor a la cocina. Cabe destacar que esta casa era la única en el vecindario con piso flotante en la pieza matrimonial, y baño interno con piso de mosaicos, dispositivo de descarga e inodoro de cerámico, en vez de letrina, dos cosas de extrema rareza en una zona rural de chacras pequeñas y familias pobres. Dicha descripción da una idea del nivel socioeconómico de la familia Molina. Este cuadro se encontraba a solo 500 metros de donde empezaban todas las dependencias de la Estación J.V Cilley, en concreto la playa, siguiendo el mismo camino que venía de la escuela, pero hacia el noroeste.
En este acogedor, pero bien puesto hogar Bartolo vivió con su esposa Redengona Lamperti y sus hijos.
Se casaron en Carhué en 1894 y tuvieron al menos cuatro hijos:
- Juan, nacido el 18 de abril de 1898;
- Teresa, nacida el 28 de diciembre de 1903;
- Hércules Natalio, nacido el 10 de abril de 1899; y
- Camilo, nacido el 19 de marzo de 1901.
Todos sus hijos asistieron a la Escuela N°2 que supo estar entre 1906 y 1908 en las otras 100 hectáreas de su propiedad sobre el camino real (entre 1899 y 1906 fue Escuela N°5 plantada en el mismo edificio) y luego a partir de ese año en el campo de Graciosi a 500 metros del lugar.
Como anécdota, mi abuela contaba que las hijas de Bartolo tenían un telescopio muy potente (otro elemento que nos permite vislumbrar el status económico de la familia), con el cual tenían por costumbre observar los movimientos de todos los vecinos de alrededor.
En los años ’30 la familia Molina se va a vivir a la Ciudad de Buenos Aires vendiendo y/o alquilando sus propiedades (es posible que sus hijos se hayan ido antes a estudiar).
Bartolo falleció en Capital Federal el 12 de agosto de 1940 siendo sepultado en el Cementerio de la Chacarita.
Teresa, una de las hijas de Bartolo merece aquí un apartado especial, ya que fue decana de la enfermería argentina. Primero cursó estudios de maestra normal. Luego en 1936 se recibió de enfermera en la Cruz Roja y participó activamente en la asistencia a las víctimas del terremoto de San Juan en 1944. Durante más de dos décadas dirigió la Escuela de Enfermería del Ministerio de Salud en Buenos Aires, donde formó a cientos de profesionales. Además, promovió programas de capacitación a nivel nacional y escribió uno de los primeros libros sobre la historia de la enfermería en el país. En 1990 para el día de la enfermería, fue reconocida como Ciudadana Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires por su amplia trayectoria en este campo. Su labor fue fundamental para jerarquizar la enfermería como profesión y darle mayor visibilidad en el sistema de salud argentino.
Por tal motivo, es un verdadero honor y orgullo que tan ilustre personalidad haya formado parte de nuestro vecindario y haber sido alumna de la flamante Escuela N°2.
Familia Zwenger:
Estas 100 hectáreas que estuvimos describiendo, son las que la familia Molina, y luego descendientes ponen en alquiler. Una de las primeras familias que alquilaron estas 100 hectáreas serían los Zwenger, quienes vivieron en esa suntuosa casa al menos por veinte años. Sin poder saber cuándo se instalaron, es preciso indicar que el 6 de agosto de 1939 fallece en San Miguel Arcángel (de donde vinieron) uno de sus hijos, Paul con 9 años de edad. A su vez, el 4 de junio de 1946 asume su primera presidencia Juan Domingo Perón y los Zwenger, como fervorosos peronistas de primera hora, hicieron una gran fiesta en las instalaciones del campo alquilado a Molina. Y esto es así porque mis abuelos en el mes de mayo de ese año se fueron a vivir al ranchito que estaba en medio del campo de 40 hectáreas de Eduardo Corradini, para quien mi abuelo trabajaba, y que se encontraba enfrente del campo de Zwenger/Molina camino de por medio. Ese día de junio, mi abuela escuchó el ruido de gente y música durante toda la tarde en lo de Zwenger por tal acontecimiento. No creo que podamos saber si antes hubo otro inquilino, o los Zwenger estuvieron allí desde que Molina lo dio en alquiler, pero al menos sabemos que, llegaron aquí entre finales de 1939 y principios de 1946.
El linaje Swenger:
No es mi intención hacer aquí una descripción exhaustiva del linaje Zwenger, pero sí dejar una brevísima introducción que sirva como puntapié inicial para aquellos descendientes directos —o entusiastas de la genealogía— que deseen profundizar en esta historia familiar.
La familia Zwenger, conocida en el Paraje Cilley, estuvo conformada por el matrimonio de Luis Zwenger Kuhn, su esposa Ana Graff, y sus cinco hijos vivos.
Este linaje tiene su origen en Alemania, más precisamente en la localidad costera de Stein, distrito de Plön, en el estado federal de Schleswig-Holstein. Allí se registra al primer antepasado conocido: Johann Georg Zwenger, casado con una tal Ana María, quienes son choznos en segunda línea (pentabuelo) de Luis.
La familia transita un par de generaciones en Alemania, entre ellos su hijo Johannes Zwenger (casado con Rosina Barbara Schwartz), quien falleció en ese país en 1762. Su nieto, también llamado Johann Georg Zwenger, nacido en 1748, quien emigró con su familia hacia Rusia y falleció el 10 de diciembre de 1820 en la ciudad de Saratov, ubicada en la provincia rusa de Saratovskaya Oblast', a orillas del río Volga.
Este hecho se inscribe dentro del proceso migratorio que llevó a miles de alemanes a establecerse en la región del Volga a mediados del siglo XVIII, que explicaré de manera resumida en el siguiente apartado:
Origen de los Alemanes del Volga:
A mediados del siglo XVIII, muchos alemanes emigraron hacia Rusia, especialmente a la región del río Volga, por invitación de Catalina la Grande, emperatriz de Rusia y de origen alemán. En 1763, Catalina emitió un manifiesto en el que ofrecía tierras, exención de impuestos, libertad religiosa, autonomía cultural y la posibilidad de evitar el servicio militar. Estas promesas fueron muy atractivas para miles de alemanes que en ese momento sufrían pobreza, persecuciones religiosas y falta de tierras en su país de origen, que aún no estaba unificado y vivía en constante conflicto.
Los alemanes que se establecieron en el Volga fundaron sus propias aldeas, mantuvieron su idioma, religión y costumbres durante varias generaciones, y formaron una comunidad conocida como los alemanes del Volga. Sin embargo, con el paso del tiempo, el Imperio Ruso comenzó a quitarles derechos, lo que motivó nuevas migraciones, esta vez hacia América.
Los Zwenger del Volga en Argentina:
Johann Georg Zwenger emigró oficialmente hacia la región del Volga el 22 de abril de 1765 (dos años después del manifiesto de Catalina La Grande), luego de un paso previo por Dinamarca. Se asentó en la ciudad de Saratov, donde su hijo y su nieto formarían sus respectivas familias. En 1793, Johann Georg contrajo matrimonio con Katharina, también de origen alemán, con quien tuvo al menos 6 hijos y 5 hijas.
Uno de ellos fue Johann Jakob Zwenger, nacido en Saratov en 1788, quien se casó el 20 de noviembre de 1806 con Maria Theresia Kloster, con quien tuvo al menos 8 hijos y 3 hijas.
Uno de esos hijos, Mathias Zwenger (1), nació en Saratov en 1827 y contrajo matrimonio con Anna Maria Durban el 26 de septiembre de 1848. Mathias falleció een esta misma localidad en el año 1900, y tuvo al menos 3 hijos y 3 hijas.
Entre ellos se encuentra Mathias Zwenger (2), nacido el 19 de agosto de 1849, quien se casó con Apollonia Gisler el 26 de octubre de 1871. De esta unión nacieron en Saratov: Karl Joseph Zwenger (1874–1930) - Matthias Zwenger (3) (1879–…) - Agatha Zwenger (1880–1960) - y Joseph Zwenger (1883–1947)
Entre 1883 y 1887, como muchas otras familias alemanas del Volga afectadas por cambios en sus derechos y condiciones de vida, emigraron hacia Argentina. Se llevaron consigo a su madre, ya viuda, Ana María Durban, quién fallecería en san Miguel Arcángel (Partido de Adolfo Alsina) el 6 de junio de 1908.
Se establecieron inicialmente en Buenos Aires, donde nacieron Apolonia (1887) y Ana (1890). Luego se trasladaron a la localidad de La Carlota, en la provincia de Córdoba, donde nació Catalina Elisabeth en 1892.
Después de 1895, la familia se radicó definitivamente en una de las colonias bonaerenses de alemanes del Volga: Colonia San Miguel Arcángel, en el partido de Adolfo Alsina. Allí, Mathias Zwenger (2) falleció el 24 de junio de 1917, a los 67 años (9 años después que su madre).
Por su parte, Matthias Zwenger (3) contrajo matrimonio en San Miguel Arcángel con Susana Kuhn, nacida en Rusia en 1881. Tuvieron cuatro hijos, entre ellos el protagonista de nuestra historia: Luis Zwenger Kuhn, nacido en 1904. Sus hermanos fueron: Victoria Zwenger (1908–1909); Catalina Zwenger (1915– …); y Santiago Zwenger (…–1982).
Por su parte, Susana falleció muy joven, a los 39 años, el 30 de septiembre de 1920. Matthias fallecería años después.
Catalina, hermana de Luis se casó con José Simón y emigró a la localidad de Pigué (Partido bonaerense de Saavedra). Santiago, se casó con Rosa Spetch y se fueron a la localidad de San Justo (Partido de la Matanza) donde éste fallecería el 17 de abril de 1982.
La familia de Luis Zwenger Kuhn y Ana Graf:
Luis había nacido en 1904 en la Colonia de San Miguel Arcángel del Partido de Adolfo Alsina (distante de Carhué a 48 kilómetros). Por su parte, Ana Graf era oriunda de una de las Colonias de Coronel Suárez donde había nacido el 27 de septiembre de 1906. Se casaron en 1924 en la Colonia donde vivía Luis. Aquí se dedicaron a las actividades rurales como chacareros y nacieron siete de sus ocho hijos:
- José, nacido en 1925;
- Luis, nacido en 1926;
- Paul, nacido en 1930.
- Victorino, nacido en 1929
- Ana Rosalia (Anita), nacida el 26 de abril de 1933
- Rosalinda, nacida el 22 de octubre de 1935
- Santiago Tiburcio, nacido el 28 de julio de 1938
- Juan, nacido el 21 de noviembre de 1948
En 1939 la familia entera pasa por un momento de profundo dolor por la muerte trágica del tercero de sus hijos, Paul, un niño sordo y apocado mentalmente que tenía solo nueve años y medio de edad. Los hechos ocurrieron de la siguiente manera: Hacia la tarde del 5 de agosto, el niño se alejó de la casa de los padres sin ser visto. Luego de darse cuenta de su desaparición, familia y vecinos salieron a buscarlo hasta altas horas de la noche. Lamentablemente lo encontraron muerto al día siguiente (6 de agosto), ya dentro de la provincia de La Pampa (a más de una legua de distancia).
Luego de este suceso (en algún momento entre finales de ese trágico año y principios de 1946), la familia Zwenger-Graf tomó rumbo hacia Carhué, asentándose en el Paraje Cilley al alquilar las 100 hectáreas de Molina.
Estando aquí en lo de Molina, el matrimonio vuelve a pasar un mal momento con el nacimiento de su séptimo hijo, Juan, que nació el 21 de noviembre de 1948 pero falleció al día siguiente por “malformación congénita” (Ana tenía 42 años de edad).
En este campo, se dedicaron a la agricultura y ganadería y supieron tener un buen pasar económico evidenciado en el hecho de que tenían algunas herramientas de importancia como una cosechadora Mc’ Cormic N°6, una sembradora de 12 discos tirada por 6 caballos (tractor no tenían), además de alquilar por un tiempo las 50 hectáreas del carnicero Dardo Sarasua (establecimiento “El Prinzipio”), que se encontraba enfrente de las 50 hectáreas de atrás del monte separadas por el mismo camino que llevaba a la escuela.
El galpón de las fiestas:
Algo para destacar en esta parte de la historia, es que a 45 metros al sudeste de la casa (la parte trasera de la misma que estaba posicionada de noroeste a sudeste), Bartolo Molina había construido también un amplio y alto galpón hecho de chapa de zink canalada y gruesos tirantes de madera. Este galpón tenía 18 metros de largo por 12 de ancho, con techo a dos aguas y con dos portones en cada punta. Sobre el portón noreste, es decir el que daba opuesto a la calle que lleva a la escuela, tenía un tinglado, donde guardaba la cosechadora, a la altura del portón que era de seis metros hacia afuera y los 12 metros del ancho del galpón. Las dimensiones generosas de esta edificación, se entienden a la luz del status socioeconómico de Molina y de la cantidad de campo que tenía, lo que hacía indispensable una estructura de estas características para guardar las herramientas, maquinarias, aperos y estibar parte de la producción cerealera.
Los Zwenger en ese galpón, aprovechando sus dimensiones y estructura, empezaron a utilizarlo para juntarse con las familias de la zona para armar bailes que, con el tiempo no solamente se popularizaron, sino que se convirtieron en agenda normal en la vida social del Paraje. Muchos de los sábados del año ese galpón se le sacaba todo lo que en él se guardaba (herramientas, bolsas de cereal, etc.), se ponían tablones con caballetes para armar las mesas, y con el tiempo hasta se dispuso de una tarima para que tocara la orquesta de ocasión en la esquina sudoeste del mismo. En alguna oportunidad, la Orquesta Pirosanto ha tocado en ese lugar. Y así es que se armaban fiestas de baile con asado incluido donde venían no solo la gente del vecindario sino también del pueblo. Incluso se llegó en alguna oportunidad a cobrar entrada. Estas fiestas fueron habituales entre las décadas del ‘40 y ’50. Tan funcional era el galpón para este tipo de actividades recreativas que hasta la Cooperadora de la Escuela Nº 2 lo pidió prestado, al menos en dos oportunidades, para realizar la fiesta de fin de año con el fin de recaudar fondos. En una de esas ocasiones, fue invitado Francisco Martínez con su vitrola para amenizar la fiesta (según relato de Ñato Amigo).
Para saber un poco de ese galpón y alguna anécdota que retrate esta historia, dejaré por escrito palabras textuales de mi padre que vivió una parte de la misma:
“La orquesta Pirosanto iba a tocar allí. Novak llevaba gente en su camión a los bailes de Swenger. Se hacían asados, porque se hacía cena….
Yo de los bailes me acuerdo. Me acuerdo especialmente de uno cuando se casó Celestina Gotau con Luis Swenger que es el segundo hijo de Doña Ana Swenger porque el mayor era José, que no tuvieron hijos viste. Yo me acuerdo que a la novia, a Celestina la llevaban en andas así entre medio del público en el baile y se le había caído un zapato y le decían, “¡se le perdió el zapato a la novia!, ¡se le perdió el zapato a la novia!” eso me quedó grabado, después claro apareció entre el público el zapato”
“…en cuanto al galpón se hacían los bailes, yo me acuerdo que atrás del galpón había un tinglado que estaba pegado al galpón y ahí Swenger guardaba la cosechadora que era una cosechadora de arrastre, creo que era una Mackormic 6 … y entonces Swenger la guardaba ahí. Que pasa, ahí es donde se hacían los asados para el baile, abajo de ese tinglado, claro y tenía la puerta, el portón. Entrando por ese portón, quiere decir esto de sudoeste a noreste entrando desde los asados, a la izquierda estaba la tarima donde estaba la orquesta, eso me acuerdo yo…”
En enero 1959 Don Luis Zwenger sufre un ACV. Parece ser que el ataque le dio en la tarde noche, tras lo cual Doña Ana busca a su vecino Ireneo Sagasti (padre de todos los Sagasti) quien lo lleva al hospital en su Ford A, quedando internado en grave estado. Tras esto tuvo unos meses de avances y retrocesos hasta que finalmente falleció en abril de ese año a los 55 años de edad. Él era el mentor de dichos encuentros, motivo por el cual dejaron de hacerse. Así es que, para la década del ‘60 ya no se hacían bailes en el flamante galpón, ya no había tarima donde tocaba la orquesta ni tablones apilados esperando a servir de mesas, reduciéndose a ser solo un mero depósito de herramientas y cosas viejas.
Luego del deceso de Luis, su esposa Ana siguió alquilando y trabajando el campo, quedándose en compañía de sus hijos Anita (Ana Rosalía), Rosalinda y Santiago al volver del Servicio Militar a mediados de 1960. En el ’62 Rosalinda se casa y se va de la casa quedando Doña Ana sola con Anita ya que Santiago estaba afuera trabajando de tractorista y peón. A partir de este momento, será mi padre Carlos Blengio el que ayudará en las labores rurales a Doña Ana y su hija Anita. Sin embargo, el 30 de septiembre de 1967 Anita se casó con un cabañero de toros de la zona rural de Santa Teresa (La Pampa), yéndose a vivir con él a ese lugar. Entonces, para que Ana no quedara sola, se viene a vivir con ella Santiago Tiburcio, su hijo menor que se encontraba soltero viviendo en el pueblo. Aquí vivirán los dos hasta agosto de 1968, y explicaré por qué razón se fueron:
Desde 1948 regía en Argentina la Ley 13.246 de Arrendamientos y Aparcerías Rurales, una ley impuesta por Perón que protegía a los pequeños arrendatarios rurales. Gracias a esta ley, los Zwenger se beneficiaron, logrando mantener un alquiler de 100 hectáreas durante por lo menos 20 años. Sin embargo, durante el gobierno dictatorial del General Juan Carlos Onganía (1966-1970), con Perón exiliado y el peronismo totalmente proscrito, esta ley la derogaron el 24 de agosto de 1967. Al derogarla, se eliminaron las garantías legales para los trabajadores de la tierra y quedaron habilitados así los desalojos masivos por parte de sus dueños (por eso se la conoció como “ley de desalojo”).
A raíz de esta situación, en ese lapso de tiempo (desde agosto del ‘67 a agosto del ‘68), doña Ana y Santiago viajaron dos veces a Trenque Lauquen, a Tribunales, en un Ford 38 negro que había comprado Anita de soltera, y que luego de casarse se los dejó a su madre y hermano. En esos dos viajes los acompañó mi papá Carlos Blengio, quien recuerda que en uno de ellos se les pinchó una goma un poco más allá de Garré. Es que Ana le pagaba un alquiler muy barato a Molina, amparados por esta ley de Perón. Entonces Doña Ana y Santiago viajaron a Tribunales para poder evitar el desalojo, cosa que no consiguieron. Por este motivo, ambos, al no poder seguir alquilando el campo se van a vivir al pueblo.
Ana fallecería aquí el 2 de abril de 1990 a la edad de 83 viviendo en la casa que había comprado su difunto esposo algunos años antes de morir.
El destino de la casa y el campo:
Luego de Ana y Santiago, fueron a vivir a esa casa el señor Juan Rissone (Yuanin Rissone) y su esposa Elvira con sus hijos Carlos y Elsa (nacida en febrero de 1954). Esto sería hasta abril de 1973 cuando esta familia se instaló en una quinta aledánea a Carhué actualmente donde encuentran las cabañas que están viniendo desde la YPF. A partir de esta fecha, la casa quedará deshabitada para siempre. Con los años ese caserón de piso flotante, mosaicos y baño interno, la única de esas características en el paraje, pasó a ser una montaña de escombros. El galpón gracias a su estructura y la calidad de sus materiales quedó en pie casi intacto. Sin embargo, lo que en su momento de esplendor había sido un lugar para bailes, fiestas y orquestas, ahora eran las lechuzas, ratas y peludos las que se daban diariamente cita en tan emblemático lugar. Y supo ser también refugio y abrigo, en las noches estrelladas y frías, para Pacheco, el último croto de Cilley en los años ‘90. Aproximadamente en el año 2007 lo que no logró hacer el tiempo y la intemperie, la mano del hombre concluyó con su existencia al desmantelarlo por completo para venderlo como material, cerrando así una etapa marcada por un sinfín de historias, música, ruido, bailes y alegrías, luces, bandas y copitas demás retratando así, una época donde el campo era una especie de gran comunidad dispersa donde solía haber servicios que hoy nos parecería irreal y difícil de imaginar. Hoy el único rastro de su existencia, y solo para el que tuvo la suerte de ver el galpón de pie alguna vez, solo son dos filas de eucaliptus que se disponían a lo largo de sus costados empecinados a marcar eternamente el lugar donde estaba “el galpón de baile de los sábados”.
Con respecto al campo, éste lo alquiló en 1968 (luego que los Zwenger lo dejaran en agosto de ese año) Hildo Aníbal Pallotta. Para 1969 Hildo desafecta el molino y tanque de la casa instalando un molino nuevo en el centro de las 100 hectáreas además de un silo de chapa. Es en este lapso de tiempo (hasta abril de 1973) que Hildo le permite a la familia Rissone vivir en la casa de Molina. El campo lo tuvo hasta su fallecimiento ocurrido el 19 de mayo de 1996. Seguidamente, será Jorge Sagasti quien lo toma en alquiler desde ese entonces hasta la actualidad (27 de agosto de 2025).
De todas las cosas plantadas que allí había solo quedó un molino roto con su tanque de chapa de zinc carcomido ya en desuso y, como único vestigio de la casa, un pedazo de pared y puerta (solo el contorno) que comunicaba la pieza matrimonial con el comedor (al día de hoy 18 de julio de 2025).
La esquina de los cactus y las cinas cina:
El rincón noroeste de las 50 hectáreas, donde se encontraba el famoso galpón de Swenger, tiene una peculiaridad que lo distingue: está "alfombrado" por varios metros cuadrados de una especie de cactus que se alzan erectos, a la vera del monte de eucaliptus que da al camino. Se trata de una flora atípica en esta zona, visible únicamente en ese rincón. Las causas y el momento de su aparición se pierden en la noche de los tiempos, al igual que las manos que los plantaron, que han quedado en el anonimato. Sin embargo, esa incógnita no opaca su notable presencia, que se empeña en destacar, especialmente durante los soleados días de noviembre, cuando sus flores de un rosa intenso dejan relucir todo su encanto. Es posible que estén allí desde la época de Zwenger, o tal vez desde los tiempos en que vivía la familia Molina.
Por otra parte, también resulta característico de la zona la presencia de una planta no autóctona y poco frecuente: las cinas-cina. (Los eucaliptus y tamariscos tampoco son originarios de la región, pero ya se han vuelto habituales). Según contaba mi abuelo, fue un italiano quien las plantó con la intención de formar una cortina que impidiera el paso de los animales hacia la calle, además de servir como protección contra el viento, al igual que los tamariscos. Curiosamente, estas plantas se extienden desde el inicio del campo de Molina, a la vera del camino que viene desde la escuela, hasta encontrarse con el guardaganado del campo de mi abuelo Julio Blengio —otrora playa de la estación J.V. Cilley—, y también bordean el camino perpendicular que recorre el lado noroeste del campo de Molina, desde las vías hasta la otra esquina del campo. Luego, continúan por el camino paralelo al camino de la escuela, delineando el lado nordeste del mismo campo. Curiosamente, terminan donde concluye la propiedad de Molina.
Otro dato curioso es que, al pasar esas 100 hectáreas de Molina, el arbolado desaparece, pero más adelante las cina-cina vuelven a aparecer a la vera del camino, justamente en las otras 150 hectáreas de este hombre. Todo esto hace pensar que aquel italiano al que se refería mi abuelo no haya sido otra persona que el visionario y acaudalado Bartolo Molina, ya que, curiosamente, estas plantas se encuentran en los alrededores de los campos que él supo poseer.
Los hijos de Luis Zwenger y Ana Graff:
José Zwenger:
Era jornalero y estaba casado con Ana María Schmidt. Tuvieron 4 hijos varones: José María Zwenger, nacido el 19 de abril de 1948 (fallecido) apodado "Nene"; Alfredo, apodado " Chacho", nacido en 1952; Oscar, apodado "Tuni", nacido en el ‘54 o ‘55; y Juan Carlos, nacido en el ‘58 o ‘59.
Ana María murió el 31 de diciembre de 1991 y José un 13 de mayo de 1993.
Luis Zwenger:
Era ferroviario y se casó con Celestina Gottau, más o menos en 1955. Mi padre estuvo en la fiesta de bodas que se hizo en ese mismo galpón donde organizaban bailes.
Luis y Celestina no tuvieron hijos. El falleció un 4 de agosto de 1991 (un año después que su madre).
Victorino Zwenger::
Era casado con Mabel Barros, tuvieron tres hijos, Cristina, que vive en Carhué, Ricardo, que vive en Bahía Blanca, y Rosana que vive en Puan. Victorino era trabajador rural y en los años ’50 era peón de la Estancia “La Concepción”. Luego termina como mecánico en la Municipalidad de Adolfo Alsina.
Victorino falleció el 29 de abril de 2002.
Ana Rosalía Zwenger:
Conocida como "Anita", se casó el 30 de septiembre de 1967 con Marcelo Speej, un cabañero de toros con bastante campo radicado en la zona rural de Santa Teresa (La pampa). Se radica allí con su esposo donde forman su familia. En 1968 tuvieron a su primer hijo, que lamentablemente nació muerto. Luego nacieron: Cecilia, en agosto de 1969; y Javier, en 1971. Anita y Marcelo venían a visitar a Doña Ana al menos una vez por año, y de pasada, iban hasta lo de mi abuelo Julio Blengio, a comprar pollos bataraces para gallo.
Marcelo murió antes que su esposa a causa de un infarto fulminante. Anita por su parte, falleció el 8 de diciembre de 2015, a los 82 años, aquejada durante sus últimos años de vida por el Mal de Alzheimer.
Rosalinda Zwenger::
Rosalinda se casó en marzo de 1962 con Camilo (“Poroto”) Diamanti, un ferroviario que trabajaba de maquinista. Se fueron a vivir al pueblo en una casa propia en Avenida Avellaneda entre Moreno y Rivadavia. Tuvieron 2 hijos: Adriana Diamanti, nacida el 25 de marzo de 1963; y Daniel Diamanti, nacido el20 de abril de 1965.
Rosalinda falleció el 22 de junio de 2021
Santiago Tiburcio Zwenger:
Trabajó en varios lugares, entre los tantos: cocedor de bolsas en la cosecha de mi abuelo Julio Blengio; con Vicente Sauer en lo de Astoréca; con Robilotte con cosechadoras y de tractorista; con Esteban Gallo, sobre todo en el año 1969; y hasta con un contratista santafecino. Como mencioné, se hizo cargo del campo en septiembre de 1967 cuando Anita se casó y su madre Ana Graff quedó sola. En este tiempo que estuvo en el campo se manejaba con una moto marca “Luján” que terminó vendiendo a Juan Carlos Raggi cuando se fueron a Carhué. Luego de salir del campo y emigrando a Carhué a la casa de Ana, Santiago se hizo bombero voluntario a la vez que entró a trabajar en el taller municipal como ayudante de su hermano mayor Victorino quién era el jefe del área. Luego de rotar por varios lugares, pasó a conducir el camión atmosférico de la Municipalidad. Luego de la muerte de su madre se quedó solo, soltero en la casa de la misma hasta su fallecimiento a los 66 años ocurrido entre el 20 y 22 de octubre de 2003 de un ataque al corazón en el baño de su casa.